Por Rudy de la Garza
Introducción
Cada inicio año muchos hacemos propósitos para crecer en lo personal, social y profesional. Un estudio de Stephen Shapiro (link) reveló estadísticas interesantes sobre este tema. De quienes se hacen propósitos de año nuevo (62% de las personas) 8% los cumplen siempre, 19% algunas veces, 49% rara vez y 24% nunca los cumplen.
Estos datos nos hablan de la necesidad de tener una herramienta para darle seguimiento a esos propósitos. Si bien puede ser que no cumpla mis propósitos porque son difíciles, también puede ser simplemente que…los olividé. Un plan de vida un instrumento para recordarnos esas cosas que un día estuvimos convencidos que debíamos lograr.
Un dato quizá más interesante del estudio citado es que no existe una correlación entre felicidad y logro de metas. Lograr mis propósitos no me garantiza ser más feliz. ¿Por qué? El autor pone algunas preguntas a nuestra consideración: ¿qué tipos de propósitos hice?, ¿por qué motivos?, ¿qué beneficio me traerá cumplir esas metas?.
El hecho de tener un plan de vida y cumplirlo no me asegura ni ser mejor persona ni ser más feliz. Pero esto no es un problema de la herramienta, sino de las metas para las que se utiliza. ¿Entonces por qué hacer propósitos? Pues bien, el plan de vida es sólo una herramienta; establcer las metas correctas es el verdadero objetivo. Este es un tema que prefiero dejar para otra discusión y por ahora concentrarme en la herramienta. Baste dejar claro que para que ésta sea realmente útil es necesaria una intensa refelxión sobre el bien y la felicidad, para que mis metas se dirijan efectivamente en esa dirección.
Para elaborar un plan de vida debemos responder cinco preguntas:
- ¿Cuál es mi ideal en la vida?
- ¿Qué objetivos tengo que lograr para alcanzar mi ideal?
- ¿Qué obstáculos me impiden alcanzar mi ideal y objetivos?
- ¿Qué tengo que hacer para lograr el cada objetivo? y ¿Qué tengo que hacer para evitar cada obstáculo?
- ¿Cómo sabré que estoy logrando mis objetivos?
Los siguientes párrafos describen mejor cada pregunta y algunas pautas para responderlas.
1. Ideal: ¿Cuál es mi ideal en la vida?
La pregunta se podría pensar en distitos términos. Particularmente dos formas son frecuentes: qué quiero hacer y cómo quiero ser. Ambos enfoques son buenos y no son excluyentes. Lo importante es dejar volar la imaginación hacia un ideal alto y sumamente bueno para la persona y para la sociedad.
Una manera sencilla —aunque un tanto dramática— de pensar en el ideal es pensar cómo quiero ser recordado después de mi muerte. Todavía más concretamente, qué me gustaría que estuviera escrito en el epitafio de mi sepulcro. En la tumba de Molière está escrito: “Aquí yace Molière el rey de los actores. En estos momentos hace de muerto y de verdad que lo hace bien.”. En la de Isaac Newton se lee “[...]intérprete, laborioso, sagaz y fiel de la Naturaleza, Antigüedad y de la Santa Escritura, defendió en su Filosofía la Majestad del Todopoderoso y manifestó en su conducta la sencillez del Evangelio [...]“.
El ideal es la aspiración a una determinada forma de trascender, ya sea por la perfección alcanzada como ser humano, por la perfección de una obra realizada, o por el bien y amor que haya dejado a quienes me rodean.
2. Objetivos: ¿Qué objetivos tengo que lograr para alcanzar mi ideal?
Una vez repondida la primera (y más difícil) pregunta, sigue preguntarnos acerca de los objetivos concretos me me pueden llevar a alcanzarlo. Mi ideal puede ser ser un gran artista, para ello debo estudiar, practicar, observar, dedicar tiempo al arte, participar en exposiciones. Estos son asuntos que debo atender si quiero algún día alcanzar mi ideal.
Los objetivos, deben ser específicos, claros y medibles. Lo suficientemente difíciles para representar un reto, y al mismo tiempo lo sufcientemente realistas para poder alcanzarlos. Unos pocos objetivos son suficientes. No hace falta poner muchos, vale más la pena trabajar en uno o dos, y cuando éstos se vayan realizando, fijar nuevos.
3. Obstáculos: ¿Qué obstáculos me impiden alcanzar mi ideal y objetivos?
Como apuntaba en la introducción, los propósitos que se quedan en el tintero, o incluso en la fantasía, pueden fracasar por no esforzarnos lo suficiente o por olvido. Pero también hay otros factores que se deben considerar. En todos nuestros objetivos tendremos obstáculos que harán más difícil su consecusión. Para librar una buena batalla es necesaria una estrategia. El primer paso para hacerla es conocer al enemigo.
Los obstáculos pueden venir de dentro y de afuera. Los obstáculos de adentro son mis propios defectos: pereza, vanidad, soberbia, el deseo de poseer, de ser bien visto, de llamar la atención, agresión, obsesión… Hay que ser muy reflexivos y humildes para reconocer los obstáculos que nosotros mismos nos pondremos en el camino. Los obstáculos de afuera son las dificultades ambientales, sociales y económicas que me harán más difícil lograr mi meta. Puedo querer ser el mejor jugador de golf, pero si no tengo los recursos para jugar, el tiempo para dedicar varias tardes y mañanas completas, será difícil.
Es necesario medir bien los retos que tendré que enfrentar. Con sencillez y objetividad.
4. Medios: ¿Qué tengo que hacer para lograr el cada objetivo? y ¿Qué tengo que hacer para evitar cada obstáculo?
Una vez escritos los medios que utilizaré para acercarme a mi ideal y los obstáculos que voy a enfrentar, en siguiente paso es describir conductas observables y medibles para realizarlos. Es la hora de poner los pies (y la mente) en la tierra y en el presente.
Pueden servir algunos ejemplos de pares objetivo-medio y obstáculo-medio. Para ser responsable, utilizar una agenda. Para ser generoso, decir que sí siempre que pueda. Para ser espiritual, rezar. Para evitar la pereza, despertarme a las 6:00. Para evitar la crítica, hablar bien de todos. Para ser deportista, entrenar.
Entre más específicos sean los medios más sencillo será realizarlos.
5. Indicadores: ¿Cómo sabré que estoy logrando mis objetivos?
Siempre que sea posible conviene establecer indicadores que me ayuden a hacer una autoevaluación del trabajo en mis propósitos. Los indicadores son variables medibles sobre los medios que puse en el paso anterior. Por ejemplo: porcentaje de tareas cumplidas a tiempo, cantidad de veces que accedí o negué favores, cantidad de tiempo dedicado a la oración, porcentaje de días que me desperté a tiempo, número de veces que hablé bien de alguien, horas dedicadas a entrenar.
Los indicadores pueden ser especialmente de 4 tipos: Frecuencia, número de veces que realicé una conducta en un determinado tiempo; duración, tiempo que realicé una conducta; Intensidad, grado de fuerza con la que realicé una determinada conducta (varía de conducta a conducta, puede ser nivel de concentración, de emotividad, de valor…); y latencia, tiempo que trascurre de una conducta a otra.
Conclusión
Siguiendo estas pautas es posible elaborar un plan de vida sencillo y productivo que nos llevará a ser cada día mejores personas. Algunos comentarios finales acerca de este tema:
- El plan de vida es dinámico: si el plan de vida se convierte en una herramienta de uso frecuente, cambiará constantemente para adaptarse a las circustancias, para establecer nuevas metas una vez que se alcancen las planeadas y para cambiar la estrategia cuando no esté dando resultado. En nivel de cambio debería ser mayor en los últimos pasos, y casi nulo en el ideal.
- El plan de vida se debe de ensuciar. Si hago mi plan de vida en una hoja, y después de un tiempo la hoja no está arrugada, sucia y talvez con notas…no lo estoy usando adecuadamente y frecuentemente. Hay que tenerlo a la mano para evaluar el avance, de preferencia diariamente. Las noches antes de descansar es un buen momento para hacer un examen de conciencia y una revisión del cumplimiento de mis propósitos.
- El ideal no solamente se establece, sino que se va descubriendo a lo largo de la vida con la reflexión y la experiencia.
- Es muy conveniente dialogar periódicamente acerca del plan de vida con un asesor, ya que por un lado nadie es buen juez en su propia causa, y por otro es una manera de obligarme a darle seguimiento.
- El plan de vida no es infalible. Nadie lo somos. Si no logramos nuestros propósitos lejos de la frustración, hay que mantener con humildad la esperanza.
¡Ánimo! A ser feliz y realizarte. Suerte en tus siguientes propósitos.
3 Responses to “Cómo elaborar un plan de vida”
que bien me encanto todo esto
By sofia araceli on Sep 9, 2010
Bueno no comparto la opinion que ¨no hay correlacion logros felicidad, que el lograr una meta no te garantiza ser feliz¨. Si tienes claro que tu proyecto de vida te lleva ala felicidad, al plantearte unos propositos que salen de tu corazón, que es lo que tu quieres lograr para si, creame que te producen felicidad a medida que los vas logrando.
By proyecto1vida on Jan 20, 2011
Alicia,
Creo que es correcta tu apreciación. El estudio de Shapiro no encontró correlación entre logros y felicidad, pero creo, como tú dices que básicamente depende de elegir las metas correctas. Si al alcanzar una meta no se obtiene mayor felicidad ¡es porque se eligió una meta incorrecta! Si la meta es enriquecedora y valiosa, definitivamente alcanzarla sumará a la realización personal y la satisfacción.
También es interesante el dicho de Sancho en el Quijote: “La avaricia rompe el saco”. Expresa cómo a veces lo que buscamos en realidad no es capaz de satisfacernos.
Bueno, gracias por leer y comentar.
By Rudy on Jan 20, 2011